Páez Páez Wines: una familia, una historia y el desafío de llevar los Valles Calchaquíes a la copa

Cuatro hermanos unidos por una historia familiar ligada al vino construyeron un proyecto que nació entre Mendoza y Cafayate y que hoy busca expresar la identidad de los Valles Calchaquíes. La enóloga Mariana Páez cuenta cómo recuperaron variedades patrimoniales, rescataron el legado de un bisabuelo elaborador de clarete y encontraron en los vinos de altura una nueva forma de contar su historia.

Hay historias familiares que permanecen guardadas durante generaciones hasta que, casi sin proponérselo, alguien encuentra la manera de volver a contarlas. En la familia Páez, esa memoria estaba ligada al vino: un bisabuelo que elaboraba clarete en su bodega de Monte Comán, en San Rafael, y una tradición que sus descendientes terminarían recuperando décadas después, desde una geografía diferente.

Páez Páez Wines nació de ese cruce entre memoria y presente. Mariana y Norberto Páez, ambos enólogos, comenzaron a trabajar juntos a fines de 2019 y luego sumaron al proyecto a sus hermanas Natalia y Celina. Hoy cada uno aporta desde un lugar diferente, pero todos comparten una misma búsqueda: elaborar vinos que expresen la identidad de los Valles Calchaquíes y, al mismo tiempo, mantengan viva la historia familiar.

Mariana eligió Cafayate hace doce años, después de trabajar en distintas regiones vitivinícolas del mundo. Allí encontró un territorio que la desafió como enóloga y que terminó convirtiéndose en su lugar. Desde ese paisaje de cerros, cardones, viñedos y cielos abiertos, Páez Páez recupera variedades patrimoniales como la Criolla y el Clarete y construye una propuesta que entiende al vino no solo como bebida, sino también como una forma de transmitir cultura, territorio y memoria.

– Páez Páez Wines nació tiempo después de que ustedes tuvieran carreras consolidadas. ¿Qué fue lo que hizo que se forjara este proyecto familiar?

-Mariana Páez: Vivo hace 12 años en Cafayate, Salta, donde trabajo como enóloga y consultora. Mi hermano Norberto, también enólogo y agrónomo, se quedó trabajando en Mendoza, nuestra provincia natal. Fue a fines de 2019 que me pidió trabajar juntos un vino para su marca, llamada Norte extremo. De esa experiencia surgió hacer unas barricas de Cabernet Sauvignon que fue la primera etiqueta de Páez Páez, que lanzamos en 2023. Se dio naturalmente arrancar con un proyecto entre nosotros y luego incluir a nuestras hermanas. Porque todos estamos relacionados con el vino.

– Los cuatro hermanos participan desde lugares muy distintos. ¿Cómo se organiza ese trabajo y qué aporta cada uno al proyecto?

-Mariana: Norberto y yo somos quienes diseñamos los vinos. Al estar en Cafayate, soy quien está a cargo de la producción principalmente, buscando las uvas con las que nos gustaría elaborarlos y llevando a cabo toda la dirección técnica de la vinificación. Norberto viaja mucho por las provincias y países limítrofes asistiendo a ferias, degustaciones con clientes y rondas de negocios, impulsando las ventas. Natalia en Buenos Aires es quien tiene el pulso de la ciudad, los nuevos consumos y las tendencias. Ella trabaja en la estrategia de marketing y como embajadora de la marca. Su formación viene del lado del periodismo y es autora del libro Mitos y leyendas del vino argentino (Aguilar). Y Celina, en Mendoza, es quien se encarga de la parte del arte e imagen del proyecto.

-Todo viene de su historia familiar porque su bisabuelo elaboraba un clarete y ustedes decidieron recuperar ese estilo. ¿Qué significa para ustedes darle vida a ese vino familiar pero desde una mirada contemporánea?

-Natalia Páez -Norberto empezó a elaborar clarete en Mendoza, con Paso a Paso wines hace más de 15 años. Cuando él y su socio empezaron con su proyecto de revalorizar las criollas argentinas no estaba todavía tan instalado, ni de moda como ahora que muchas marcas tienen su clarete. Era una rareza. Elaboró un clarete sin recordar que nuestro bisabuelo Gabriel Martín había hecho ese vino en Mendoza, en su bodega de Monte Comán (San Rafael). Fue hermoso luego darnos cuenta de eso, que su bisnieto había continuado su legado. De alguna forma hubo ahí una transmisión de cultura, de conocimiento. El clarete que decidimos hacer para Páez Páez fue también, algo que surgió orgánicamente. Ganas de hacer un vino de esas características muy expresivo. En junio hicimos un viaje con nuestro padre a la vieja bodega Martín. Tenemos la idea de hacer un vino de criollas de ese pueblo mendocino, en homenaje a nuestro bisabuelo.

Mariana: “Nuestra Criollarepresenta la esencia del proyecto”.

-Después de haber trabajado en Francia, Italia, China y otras regiones vitivinícolas, ¿qué encontraste en los Valles Calchaquíes que hizo que decidieras quedarte?

– Encontré un lugar con una fuerte identidad y un enorme potencial. Los Valles Calchaquíes (Salta, Tucumán y Catamarca) tienen un paisaje que emociona, pero además cuentan con condiciones excepcionales para producir vinos con mucha personalidad. Me encanté con su gente, su cultura y sentí el desafío de elaborar vinos de altura. Sentí que acá podía aportar mi experiencia y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo todos los días. Después de recorrer distintas regiones del mundo, elegí Cafayate porque sentí que era el lugar donde quería desarrollar mi profesión.

-¿Qué características tienen los vinos de altura de Cafayate y los Valles Calchaquíes que más te entusiasman como enóloga?

-Lo que más me entusiasma es la intensidad y la identidad que logran expresar. La altura, la amplitud térmica, el clima seco y la gran radiación solar permiten obtener vinos con excelente concentración, estructura, muy buena acidez natural y una expresión aromática muy particular. El color de los tintos es muy intenso. Ni hablar de que es la zona por excelencia del Torrontés. Cada viñedo tiene una personalidad distinta, y como enóloga eso es apasionante porque te permite interpretar el lugar y llevar esa identidad, ese paisaje, a la copa.

-Además de producir vino, das clases y participás en organizaciones de mujeres del sector. ¿Cómo dialogan esas tres facetas: docente, enóloga y emprendedora?

-Para mí son tres actividades que se complementan. La docencia me obliga a mantenerme actualizada y compartir conocimiento con las nuevas generaciones. Mi trabajo como enóloga me permite llevar esa experiencia práctica al aula, mientras que el emprendimiento personal me enfrenta todos los días a los desafíos reales de producir, comunicar y vender un vino. Este año asumí la responsabilidad de presidir la Asociación de Mujeres del Vino de Salta con la que buscamos tender redes, impulsar proyectos colaborativos y visibilizar nuestro trabajo en la industria vitivinícola argentina con las particularidades de hacerlo desde el NOA.

-Si tuvieras que elegir una etiqueta de Páez Páez para presentarle el proyecto a alguien que nunca probó sus vinos, ¿cuál sería y por qué?

-Elegiría nuestra Criolla porque representa la esencia del proyecto. Elaborado con uvas de un antiguo parral de los años 50. Es una cepa que habla de los orígenes de nuestra región: es una variedad patrimonial. Pero también representa la historia de nuestra familia ligada al vino, es volver a nuestras raíces. Nos gusta poner en valor estas variedades, elaborando vinos frescos, auténticos y con identidad. Pero también te recomiendo probar las otras variedades: el nuevo blend Cabernet Franc-Tannat, el Torrontés y el Clarete; cada copa te invita a un viaje sensorial hacia el Valle Calchaquí

-¿Cómo es un día tuyo y cuál es el escenario: olores, colores, sonido?

– Aquí en el Valle, el sol y el cielo azul te acompañan todo el día. Camino a las bodegas, el paisaje te muestra cerros con rojos, ocres y terrosos que contrastan con el verde seco de cardones y algarrobos, y el verde intenso de las viñas. El aire es puro y huele a hierbas del cerro como muña muña, arcayuyo y flores silvestres, mezclado con el humito de leña de alguna estufa u horno de barro. La fauna está muy cerca y visible: cruzás zorros, burros, cabras, llamas y ovejas. En la bodega de Colalao del Valle, por ejemplo, siempre me visita una llama blanca que es súper amigable. Y a la noche, el sonido de los grillos, chicharras y sapos es lo que te acompaña para ir a descansar.

Natalia “Queremos llegar a los consumidores que valoran al vino como un bien cultural”. 

-El consumidor argentino cambió mucho en los últimos años. ¿Qué buscan transmitirle hoy a quien elige un vino elaborado por ustedes?

-Buscamos poner en valor los vinos de una zona vitivinícola no tan conocida como Mendoza. Precisamente los vinos vallistos, de altura. Transmitir no solo la diversidad e identidad de esas cepas y de esos terruños. Sino también de todo el ecosistema y las comunidades que lo integran. Queremos llegar a los consumidores que valoran al vino como un bien cultural. Nuestros vinos ofrecen un viaje imaginario y sensorial a los Valles Calchaquíes.  No sólo está presente su flora: sus vitis viníferas, sus cardones… sino también su fauna, como los zorros. Y sus íconos arquitectónicos como la Iglesia de Cafayate, que es la postal más conocida de ese rincón de la Argentina. Todo esto presente en las etiquetas.

También creemos que la Generación Z nos está marcando un camino muy interesante. Son consumidores curiosos, que buscan autenticidad y que quieren conocer qué hay detrás de una botella: quién la hizo, cómo se produjo y cuál es el impacto que genera. Esa forma de consumir está impulsando a toda la industria a ser más transparente y más consciente, y nosotros queremos ser parte de ese cambio. Nuestro desafío es seguir innovando en la manera de comunicar el vino, acercándolo a nuevas generaciones sin perder profundidad ni identidad.

-Mirando hacia adelante, ¿cómo imaginás a Páez Páez Wines dentro de cinco o diez años?

-Nos imaginamos creciendo, pero sin perder la esencia. No pensamos el éxito únicamente en cantidad de botellas, sino en lograr que cada vino siga contando la historia de una tierra y de las personas que lo hacen posible.

Nos gustaría que la marca sea reconocida por haber demostrado que se puede hacer un vino de alta calidad, con una mirada sostenible y profundamente conectada con el territorio. Queremos seguir trabajando con prácticas responsables, poniendo en valor las variedades. Si dentro de diez años alguien abre una botella de Páez Páez y siente que está descubriendo un pedacito de los Valles Calchaquíes, habremos cumplido nuestro objetivo.